El sabor del bosque, la cremosidad del no-huevo y un pequeño toque canalla.
Hay recetas que se planifican durante días y otras que nacen de abrir la nevera, mirar lo que tenemos y dejar que la imaginación haga el resto. Unos maravillosos cantarellus, un poco de tofu sedoso y unas cuantas especias fueron suficientes para preparar un plato sencillo, aromático y lleno de sabor. Pero esta vez quisimos ir un poquito más allá: preparar el tofu sedoso en dos texturas, jugando con el color, la cremosidad y la apariencia de un revuelto tradicional. El resultado es un contraste precioso entre el amarillo intenso del no-huevo, sus partes más blancas y las setas doradas, que siguen siendo las auténticas protagonistas.
Hay recetas que se planifican durante días y otras que nacen de abrir la nevera, mirar lo que tenemos y dejar que la imaginación haga el resto. Unos maravillosos cantarellus, un poco de tofu sedoso y unas cuantas especias fueron suficientes para preparar un plato sencillo, aromático y lleno de sabor. Pero esta vez quisimos ir un poquito más allá: preparar el tofu sedoso en dos texturas, jugando con el color, la cremosidad y la apariencia de un revuelto tradicional. El resultado es un contraste precioso entre el amarillo intenso del no-huevo, sus partes más blancas y las setas doradas, que siguen siendo las auténticas protagonistas.
INGREDIENTES
250–300 g de cantarelus frescos
1 diente de ajo
1 cucharada de AOVE
Una pizca de tomillo
Pimienta negra recién molida
Una pizca de cúrcuma
Sal al gusto
Kala namak (sal negra del Himalaya)
Unas gotas de limón
Opcional: una puntita de harissa para darle un toque canalla
250–300 g de cantarelus frescos
1 diente de ajo
1 cucharada de AOVE
Una pizca de tomillo
Pimienta negra recién molida
Una pizca de cúrcuma
Sal al gusto
Kala namak (sal negra del Himalaya)
Unas gotas de limón
Opcional: una puntita de harissa para darle un toque canalla
PREPARACIÓN
Limpiamos las setas y las colocamos en una sartén caliente con un poquito de AOVE. Dejamos que pierdan su humedad y comiencen a dorarse. Añadimos el ajo picado, el tomillo, la pimienta negra y una pizca de sal. Queremos unas setas jugosas por dentro, pero con ese dorado exterior que concentra todo su sabor. Dividimos el tofu sedoso en dos partes.
Textura amarilla: mezclamos una mitad con una pizca de cúrcuma hasta conseguir un color amarillo intenso y una consistencia cremosa.
Textura blanca: dejamos la otra mitad sin cúrcuma, rompiéndola suavemente con un tenedor para conservar pequeños trozos irregulares.
La idea no es conseguir una mezcla completamente homogénea, sino reproducir visualmente el contraste de un revuelto tradicional. Bajamos el fuego y añadimos primero el tofu amarillo a las setas. Removemos suavemente para que se caliente y comience a integrarse. Incorporamos después el tofu blanco, procurando no mezclarlo demasiado. Así conservaremos las dos tonalidades y diferentes consistencias. Cocinamos unos minutos, lo justo para que el conjunto quede caliente y cremoso, sin resecar el tofu. Retiramos del fuego y añadimos una pizquita de kala namak, que aportará ese característico aroma a huevo. Terminamos con unas gotas de limón y, si nos apetece, una cantidad mínima de harissa.
💡 CONSEJO: El secreto de este revuelto está en respetar el sabor de las setas.
El tomillo aporta un aroma de monte, la pimienta despierta los sabores y el limón proporciona frescura sin restar protagonismo a los cantarelus. Pero la verdadera sorpresa está en el tofu sedoso: dos colores, dos texturas y una cremosidad que convierte un ingrediente sencillo en un revuelto vegetal lleno de personalidad. ¡Buen provecho y que nunca falte imaginación en nuestros fogones!
