Las albóndigas se sirven bien doradas sobre una salsa fresca de yogur vegetal, limón y eneldo. Las acompañamos con unas patatas crujientes pinceladas con pimentón dulce, pimentón picante y orégano, y terminamos con una ensalada de pepino, cherry, aceitunas Kalamata, feta vegetal y cebolla morada encurtida.
Tres preparaciones muy sencillas que funcionan por separado, pero que cuando empiezas a mezclarlas en el tenedor se convierten en otra cosa.
La albóndiga caliente arrastrada por la salsa fría y cremosa; después aparece una patata crujiente y especiada y, entre medias, la acidez del limón, las Kalamata y la cebolla encurtida.
Cremoso, crujiente, especiado, ácido y fresco.
Uno de esos platos que confirman que para comer realmente bien entre semana no hace falta complicarse la vida en la cocina.
4–5 albóndigas vegetales
Lavamos las patatas baby y las cocinamos previamente en el microondas durante unos 6–7 minutos. Las cortamos a la mitad. Mezclamos el AOVE con el pimentón dulce, una pizca de pimentón picante, orégano, ajo en polvo, pimienta y sal. Pincelamos bien las patatas y las llevamos a la freidora de aire a 190 °C durante unos 10–12 minutos. Colocamos las albóndigas en la freidora de aire, pincelamos ligeramente con AOVE y cocinamos a 190 °C durante 8–10 minutos, girándolas a mitad de cocción. Al sacarlas añadimos unas gotas de limón, orégano, pimienta negra. Mezclamos el yogur vegetal con el limón, el eneldo fresco, ajo, sal y pimienta. Cortamos el pepino y los tomates cherry. Añadimos las Kalamata, el feta vegetal, hierbabuena y eneldo. Aliñamos con AOVE, limón, sal y pimienta. Extendemos una buena cucharada de salsa de yogur en una zona del plato y colocamos encima las albóndigas, procurando que parte de su superficie dorada quede completamente visible. A un lado ponemos las patatas crujientes y especiadas y, al otro, nuestra ensalada fresca. Terminamos con eneldo, hierbabuena, cebolla morada encurtida y unas gotas de AOVE. ¡Buen provecho!





