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domingo, 3 de mayo de 2026

GUISO DE PATATAS Y CALAMARES VEGANOS CON LA ENSENCIA DEL MAR CANTÁBRICO

    Hay sonidos que forman parte de nuestro ADN: el romper de las olas contra los muros del Puerto Viejo de Algorta (Getxo), el bullicio matutino que aún resuena en los puertos pesqueros de Bizkaia y Gipuzkoa; y por supuesto, el rítmico vaivén de una cazuela al fuego. Hoy, en la "Green Sabrosa", no vengo hablaros de recetas inamovibles, sino de homenajes. 
    Desde el máximo respeto a nuestra madre tierra vasca y a sus gentes de mar, he querido llevar el aroma de los guisos tradicionales a mi terreno: el de la cocina vegetal con alma. Este plato no es un marmitako, pues el bonito descansa hoy en el azul; es un guiso de pescadores reinterpretado, donde el mar se siente en cada cucharada gracias al alga kombu y el umami del miso blanco. La elegancia de este plato reside en su textura. He buscado ese caldo con cuerpo, "trabado", que conseguimos con el vaivén de la cazuela. 

INGREDIENTES
1 cebolla picada 
2 dientes de ajo
5 patatas variedad agria chascadas para que suelten su almidón
2 cdita de pimentón de la Vera (mezcla dulce y picante)
1 cda de carne de pimiento choricero
2 cdas de tomate concentrado
2 hojas de laurel
1 sobre de azafrán en hebra
4 trozos de alga kombu (nuestro secreto para el sabor a mar)
1 cda de miso blanco (umami puro)
perejil fresco recién picado
1 litro de caldo vegetal
2 pastillas de concentrado para caldo vegetal
400g de anillas de calamar vegetal
Sal de Añana

PREPARACIÓN
    En una cazuela amplia, doramos los calamares veganos con un hilo de aove hasta que cojan color. Reservamos. Este paso es clave para sellar su textura. En ese mismo aceite, pochamos la cebolla y el ajo con una pizca de sal para que sude la cebolla. Cuando estén transparentes, añadimos el tomate concentrado y la carne de pimiento choricero. Removemos con mimo para que los sabores se abracen. Incorporamos el pimentón de la vera (dulce/picante) con cuidado de que no se queme, seguido del azafrán y las hojas de laurel. Añadimos las patatas troceándolas "a pellizcos" (chascándolas). Rehogamos un par de minutos para que se impregnen del sofrito. Cubrimos con el caldo vegetal y añadimos los trozos de alga kombu. Llevamos a ebullición y luego bajamos el fuego. Cocemos a fuego suave, medio tapado 25 minutos. De vez en cuando, agarramos de las asas de la cazuela y le damos ese movimiento en vaivén. Verás cómo el caldo empieza a "engordar" y a brillar. Cuando la patata esté casi tierna (15 minutos), añadimos los calamares y cocinamos 10 minutos más. Apagamos el fuego, sacamos 1 vasito del caldo, le añadimos el miso blanco, mezclamos, incorporamos al guiso y meneamos de nuevo la cazuela en vaivén. Añadimos el perejil picado, tapamos y reservamos. Dejamos que el guiso descanse una hora. Es aquí donde ocurre la magia y la salsa alcanza su cuerpo definitivo. ¡Buen provecho!

    🍷Para este plato, he descorchado un Itsasmendi 7. Es un Txakoli de Bizkaia con una personalidad arrolladora que, además, es apto para veganos. Su complejidad y su paso por boca untuoso maridan de forma magistral con la textura melosa de la patata y el fondo de miso blanco. Es el sabor de nuestra costa en una copa. 

    📍Hoy, mientras el aroma de este guiso inunda mi cocina en Algorta, no puedo evitar recordar que el ingrediente más importante de cualquier receta es el amor y la paciencia, algo que aprendemos de ellas. Aprovechando que hoy es el Día de la Madre, quiero enviar un abrazo lleno de gratitud a todas las madres del mundo. A las que están, a las que nos cuidan desde el recuerdo y a las que nos enseñaron que, el mejor regalo es sentarse juntos alrededor de una mesa. 

sábado, 2 de mayo de 2026

PIMIENTOS DE COLORES ASADOS CON MORCILLA VEGANA Y ESENCIA COREANA

    A veces, la cocina es un lienzo donde los colores dictan el sabor. En el post de hoy, nos alejamos de lo convencional para abrazar un plato que es pura energía visual: pimientos de colores rellenos, una propuesta donde la tradición de nuestra tierra se da la mano con la intensidad de Oriente. 
    Lo que hace especial a esta receta no es solo su estética vibrante, sino el diálogo entre sus ingredientes. He querido unir la carne de pimiento choricero, tan nuestra, con la audacia del gochujang (esa pasta de chile fermentado coreana que es puro fuego elegante). Juntos, crean un fondo de sabor profundo que abraza la suavidad de la morcilla vegana y el dulzor explosivo del maíz. No es solo una comida; es un homenaje a la curiosidad gastronómica. Es demostrarte que, incluso en un sábado cualquiera, puedes viajar por el mundo sin levantarte de tu mesa. 

INGREDIENTES
3 pimientos de colores (1 rojo, 1 amarillo y 1 verde)
1 Morcilla vegana 280g
1 cebolla dulce
2 dientes de ajo
1 vasito de quino precocida
1 cda de carne de pimiento choricero
1/2 cdita de Gochujang 
1 vasito de vino blanco
300g de maíz dulce
Una pizca de pimienta negra
Aceite de oliva virgen extra
2 cdas de queso vegano tipo mozzarella rallado
Un puñado de lechugas Mix 
Aceite de oliva infusionado con Romero
Semillas de comino negro
Semillas de sésamo tostado

PREPARACIÓN
    Sofreímos la cebolla y el ajo picados finamente con un hilo de aceite. Cuando estén transparentes, añadimos el pimiento choricero y el gochujang, dejando que los aromas se despierten. Incorporamos la morcilla vegana desmenuzada, mezclamos, añadimos el vino blanco y dejamos que se reduzca. Añadimos la pimienta negra recién molida y mezclamos. Introducimos un minuto el vasito de quinoa en el microondas y lo agregamos a la sartén junto a la morcilla y el maíz dulce escurrido. Mezclamos para que la farsa quede jugosa pero con cuerpo. Cortamos los pimientos por la mitad, retiramos las pepitas y la carne blanca, pincelamos con aceite y horneamos en la freidora de aire ligeramente precalentada 12 minutos a 200ºC. Sacamos, dejamos atemperar y rellenamos los pimientos con la farsa. Añadimos un poco de queso por encima de cada pimiento y horneamos 5 minutos a 200ºC. Servimos encima de una bandeja rectángular con lechugas mix picadas en juliana. Añadimos un hilo delicado con aceite aromatizado con romero por encima de las lechugas y unas gotitas por encima de cada pimiento para que le aporte brillo. Espolvorea unas semillas de comino negro y sésamo tostado por encima de los pimientos. ¡Buen provecho!

    📍Para que la presentación sea impecable, buscamos que el pimiento esté tierno, pero mantenga su estructura y ese brillo natural que le da el aceite de oliva aromatizado.

    🍷Para estos pimientos, mi elección es Sapienta, un Verdejo de El Lagar de Moha. ¿Porque Rueda y no tinto? Aunque la morcilla es intensa, el toque cítrico del maíz y el picante del gochujang necesitan frescura. Un tinto con mucha madera puede competir con el picante y hacerlo amargo. Este Rueda, "limpia" el paladar y realza los matices dulces del pimiento asado sin saturar.